4 razones por la que no te puedes morir sin entender a Kafka

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Hacemos una pausa en nuestra programación habitual para abordar un tema que probablemente califique como de urgencia nacional. Me ayudo de esta exageración sólo para poner en contexto la razón de la resultante improvisación, la cual espero termine siendo un artículo decente. Resulta que hoy celebramos el nacimiento de una de las mentes más impresionantes de la literatura y ninguna de las 22 personas con las que he interactuado esta mañana ha sabido ni “ji” de quién diablos estaba hablando. Un hombre que con un estilo increíblemente sencillo cambió vidas, despertó sociedades y probablemente provocó un par de suicidios. Lamentablemente, el Cardenal López Rodríguez no lo ha leído, pues estaríamos mucho mejor si hubiese asumido cualquiera de los resultados mencionados anteriormente (preferiblemente el tercero).

Si eres de los que automáticamente pensaron en Carlos Cuauhtémoc o Paulo Coelho, por favor, seguir los siguientes pasos:

Bueno, en realidad sólo era un paso.

¿Quién lo diría? Resulta que con uno solo se resuelve.

Claramente, estamos hablando de Franz Kafka, autor de La Metamórfosis, El Proceso y El Castillo (The Metamorphosis, The Trial y The Castle). Estas no son las únicas, pero son las más famosas y considerando que él mismo quemó el 90% de su trabajo antes de morir, vale la pena resaltar lo que nos quedó. Es por esto que hoy le traemos las 4 razones por las que tienes que leer a Kafka y finalmente darte cuenta de que Juventud en Éxtasis y 50 shades of Grey no son libros que debes mencionar en una conversación seria, pero son buenísimos para el retratraso intelectual.

4. Si te lo cuentan suena absurdo, pero es genial

Aunque podría aplicar para otras de sus novelas cortas, en este caso me refiero a La Metamorfosis. Se trata de un carajo que un día se despertó convertido en un insecto y por ahí sigue la cosa. Fue publicada en 1915 y considerando las bizarradas que estaban ocurriendo en el mundo (y siguieron ocurriendo), el proceso de deshumanización e incomunicación que sufrió Gregor Samsa (protagonista de la novela), pues quedó como anillo al dedo.

A través de claves, eventos y otros detalles que forzan a utilizar la imaginación, Kafka te logra llevar a un punto de empatía y solidaridad con un insecto. Un nivel de empatía que probablemente no tiene tu candidato presidencial contigo. ¿Te suena a algo?

Ya probablemente comience a sonarte un par de historias similares, ya que Hollywood está lleno de referencias a estas obras. Lo que nos lleva al siguiente punto…

3. Te encanta el cine inspirado en Kafka

Aunque varias de las películas más destacadas por un desarrollo Kafkiano son basadas en libros, novelas gráficas u obras teatrales; los autores de estas obras originales no dejan de ser un producto directo de inspiraciones en las historias y el mundo bizarro de Kafka. Por ejemplo, Profe por Accidente

No cierres la ventana. Fue una broma :(

No cierres la ventana. Fue una broma 🙁

Si te gusta la imaginación oscura de Tim Burton, tanto en cine como en libros; Si eres admirador de los twists y finales abiertos a la interpretación de directores como Christopher Nolan (Memento, Following, Inception, etc.); Si disfrutas de la intensidad emocional de directores como Darren Aronofsky (Requiem for a Dream, Pi y Black Swan) y si te gusta confundirte en las ocurrencias inexplicables de David Lynch (Lost Highway y Mulholland Drive), pues lo más probable es que ya eres fan de Franz Kafka y no lo sabes.

2. Con sólo el 10% de sus obras nos dejó fundidos

Antes de su muerte en 1924, Kafka quemó el 90% de sus obras, ensayos y manuscritos. Unos meses después se descubrió una carta dirigida a su amigo, Max Brod. En esta carta, él le pedía que quemara todo el trabajo que él había dejado atrás, incluyendo diarios, cartas y hasta dibujos.

Lo que en realidad ocurrió después de que apareciera dicha carta me hace pensar que esta fue la reacción de Max.

Lo que en realidad ocurrió después de que apareciera dicha carta me hace pensar que esta fue la reacción de Max.

No pasaron dos meses bien y ya Brod había firmado un contrato para tres ediciones póstumas de obras que  no habían sido publicadas (gracias al cosmos). Estas fueron El Proceso (1925), El Castillo (1926) y Amerika (1927). Esta última ni siquiera estaba terminada, así como los guiónes de Alfonso Rodríguez… Pero bien hechos.

En 1939, Max Brod, claro de que la vida no es un relajo (a menos que seas un motorista en ErreDé), recogió to’ sus papeles y salió con un maletín lleno de Kafka en el último tren a Palestina, 5 minutos antes de que los Nazis cerraran la frontera Checa de manera indefinida. Importante aclarar que a pesar de que las obras estaban escritas en alemán, Kafka era un judío checo.

1. Kafka y la historia de la muñeca

Existen varias versiones de esta anécdota, pero según fuentes importantes, es cierta (esperemos que el equipo de Fox News lo deje así). Resulta que Kafka un día estaba caminando en su parque habitual y se encontró con una niña llorando desconsolada como si Lidio Cadet fuera su única opción de matrimonio.

Punto logrado.

¿Quedó claro lo mucho que estaba llorando? Seguimos…

Kafka cuadró con la carajita para que se encontraran al otro día en el mismo lugar y así la ayudaba a buscar a la muñeca. Por suerte, este hombre no era un sacerdote católico porque el contexto se intepretaría muy perturbador, aunque pensándolo bien… Era una niña, no un niño.

Perdimos un par de lectores en 3.. 2.. 1..

Perdimos un par de lectores en 3.. 2.. 1..

El punto es que Kafka al otro día se apareció con una carta que supuestamente la había enviado la muñeca a la niña y procedió a leerla. La carta decía algo así:

Por favor, no me guardes luto, me h