Yo creo que es justo

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En el interés de contribuir al debate sobre el tema del aborto terapéutico y la educación sexual en República Dominicana, publicamos este artículo que amablemente nos cedió el Dr. Aljeriz Jerez, Coordinador Medico de Profamilia. Esperamos que el mismo sea esclarecedor y nos proponemos seguir alentando a nuevas formas de pensar la Salud Pública en esta gran carpa circense

En estos últimos años en nuestro país hemos oído hablar sobre la violencia de género casi todos los días en los medios de comunicación. Las denuncias de violencia física acaparan las portadas de estos medios y  toda la atención de  las autoridades, sin embargo, la violencia va mucho más allá de un maltrato evidentemente físico, abarca también lo psicológico y lo sexual, entre otros.

En nuestro país existe una cultura claramente machista, en la que el hombre toma un papel preponderante en relación con su pareja, incluso las mismas madres, muchas veces sin proponérselo, influyen en la formación a sus hijos desde temprana edad para que en el futuro se impongan sobre la mujer y las niñas son condicionadas con el objetivo de crecer para servir al hombre.

A esto no escapa la vida sexual de la pareja, donde muchos hombres se sienten dueños de un cuerpo que, definitivamente, no les pertenece. Comúnmente se cree que una mujer debe estar dispuesta a tener relaciones sexuales con su pareja a la hora que este se lo exija, se cree también (en muchos casos) que las relaciones sexuales para la mujer tiene un fin exclusivamente reproductor y se olvida que las mismas tienen el objetivo de ser disfrutadas independientemente de los planes de reproducción.

Es por esta razón que surge la necesidad de analizar los Derechos Fundamentales, desde el punto de vista de la sexualidad, lo que da como resultado la conceptualización de los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos los cuales son inherentes a todo ser humano. En una sociedad basada en el machismo y la discriminación, estos derechos son evidentemente violentados en perjuicio de muchas mujeres, las cuales son privadas de tomar acciones autónomas sobre su propio cuerpo.

Aunque los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos son sumamente amplios, quisiera centrar la atención en cómo se viola uno de estos derechos en muchos centros  hospitalarios con la complicidad de  prestadores de salud, y me refiero al derecho de cada mujer para decidir el número de hijos que desea, sin la influencia e imposición de un médico y mucho menos la autorización de la pareja.

Pudiera cuestionarse que, siendo que estos derechos son inherentes al ser humano, el hombre también debe gozar de estos, sin embargo, la capacidad biológica de la mujer que es quien se embaraza, hace que este derecho sea exclusivo para ella. Por lo tanto es una violación a los Derechos negar a una mujer la planificación familiar o la esterilización definitiva por falta o negación del consentimiento de la pareja.

Desde la década de los años 50 y los 60, donde se comienza a practicar la anticoncepción quirúrgica voluntaria (AQV), se exige al hombre la autorización para realizar este procedimiento, basado, simplemente, en un patrón cultural donde el patriarcado era rector de todo lo que tenía que ver con la familia y por ende, controlaba el tema de la planificación familiar.  Si bien es cierto que a la fecha ya en muchos centros de salud no es necesaria esta aprobación, este requerimiento aun es exigido por algunos médicos los cuales están basados en el “protocolo” empleado ha mediado del siglo pasado.

La mujer tiene el derecho de gozar de las relaciones sexuales desde el punto de vista del placer que estas conllevan, sin la preocupación de un embarazo. Debe quedar claro que el número de hijos y el intervalo entre los mismos, es una decisión única y exclusiva de la mujer, la cual puede decidir en qué momento de su edad fértil se embaraza, e incluso, si no desea tener hijos nunca.

La función del personal de la salud debe ser proporcionar consejería a la mujer, donde se le informa los diferentes métodos anticonceptivos que existen y se puede sugerir cuál de estos es el más conveniente según los criterios de elegibilidad establecidos, por lo tanto, el personal de salud solo debe cumplir una función informativa y educativa, la decisión final recae sobre la mujer, quien debe elegir el método que quiera usar de manera libre.

Lo ideal sería que la pareja se ponga de acuerdo en cuántos hijos van a tener y en el intervalo de tiempo entre cada uno, y que dicha pareja sirva como testigo de que la decisión tomada se hizo bajo acuerdo mutuo y conocimiento del tema y sobre todo en completa libertad, mas, si no fuere posible, la última palabra y la definitiva la tiene la mujer, la cual es dueña de su cuerpo y debe actuar bajo el derecho de autonomía que le confieren los Derechos Humanos.

Debe ser abolido, definitivamente, el prerrequisito de la autorización de la pareja cuando una mujer solicita un método anticonceptivo definitivo o permanente como es el caso de la anticoncepción quirúrgica voluntaria (AQV).

Las Normas Nacionales de Planificación Familiar del Ministerio de Salud Publica en sus disposiciones generales expresa lo siguiente: “Toda persona en edad reproductiva tiene derecho a demandar y recibir los servicios de planificación familiar que se adapten a sus necesidades, lo que deberá ser precedido de información, educación y consejería necesaria, respetando siempre sus derechos reproductivos”.

Estas Normas también especifican en los lineamientos generales de los métodos anticonceptivos permanentes (como es el caso de la AQV y la Vasectomía) lo siguiente: “Autorización escrita del consentimiento voluntario informado de la usuaria”. Por lo tanto no es necesario autorización de ninguna otra persona.

El mismo derecho se debe respetar si fuere el caso contrario. Si la mujer quiere continuar su proceso reproductivo nadie debe, ni puede impedirlo. No se debe esterilizar de manera engañosa, ni por solicitud de la pareja u otro familiar y mucho menos sin el consentimiento propio de la mujer.

En un país suramericano en la década de los 90, se llevó a cabo un plan de “Planificación Familiar” donde las mujeres, sobre todo, las de escasos recursos, eran incitadas y manipuladas mentalmente para practicar la AQV sin saber del todo las consecuencias permanentes de este procedimiento, lo cual es total y absolutamente violatorio a los derechos que le asisten a las mujeres de cualquier país, raza, color, religión o ideología.

Todo lo expuesto anteriormente en relación a los Derechos Reproductivos son aplicables al hombre, en caso de que este quiera practicarse la vasectomía, sin embargo, no es un problema sentido ya que a este no se le exige consentimiento de la pareja, por esta razón centramos este artículo en la mujer más que en el hombre.

Pudiéramos seguir escribiendo muchas páginas más, donde demostraríamos que nuestra sociedad está incurriendo en violaciones de los derechos de las mujeres, en algunas ocasiones por  patrones culturales previamente establecidos y en otros casos con toda intención, no obstante, debemos encaminarnos a construir una país más racional, fundamentados en normas y derechos que garanticen el respeto y la igualdad entre todos.

Se hace imperante reconocer que la mujer tiene la capacidad de decidir en su propio cuerpo,  permitir que utilice el derecho de elegir lo que más le conviene según su plan de vida,  es un paso de avance en el cual todas las mujeres y también los hombres debemos trabajar.

Coaccionar la autodeterminación reproductiva de la mujer conlleva a un tipo de violencia, la violencia psicológica, la cual no deja evidencias físicas de maltrato y por ende no se castiga.  Impedir que la mujer desarrolle sus planes de maternidad  acorde con sus objetivos futuros, traumatiza, frustra, entristece y merma la autoestima. Este tipo de violencia es tan dañina y, en ocasiones, mucho peor que la violencia física.

En estos tiempos en donde se habla de Derechos Fundamentales, tanto el hombre como la mujer deben tener las mismas oportunidades de desarrollo, ellas no piden que se les den más oportunidades que a los hombres, ellas piden que sean tratadas con igualdad y equidad, y yo creo que es justo.

Dr. Aljeriz Jerez (@AljerizJerez)
Coordinador Médico
Profamilia.

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