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5 cosas terribles de encontrar bichos raros en tu baño

Hay una razón por la cual ir de visita a Australia nunca ha estado, y probablemente nunca estará, en el tope de la lista de mis prioridades. Si bien Sidney y Melbourne se ven como ciudades aperísimas, lamentablemente para mi relación con Australia, ese país es mundialmente conocido como el hogar de los bichos raros y venenosos. Si consideramos que tiene esa fama no obstante existir sitios como Tailandia, Camboya, el Amazonas y Barahona, ciertamente tengo muy buenas razones para no ir al lejano continente. La idea de que tengo que sacudir los zapatos antes de ponérmelos para que no me pique un bicho, o que si mi carro no prende primero se llama a control de animales antes que al mecánico, simplemente no me cuadra, Australia es como el patio donde Satanás conserva sus mascotas.

Los encontronazos con bichos, en cambio, no son exclusivos a la Australia salvaje. A medida que la ciudad de Santo Domingo se ha ido expandiendo sobre tierras que solían ser kilómetros y kilómetros de montes, los encuentros siempre fatales y por lo general muy cómicos, entre los seres humanos y los bichos de nuestros campos han ido incrementándose.

Los hombres a medida que crecen van perdiendo la inocencia y “el no me importa nada, déjame agarrar ese bicho y prenderlo en fuego” de la niñez, y se acostumbran a resolver las cosas con un palo y “baigón”, perdiendo la destreza y adquiriendo miedos que en su infancia no tenía, derivado naturalmente del trabajar como esclavo por dinero. Por lo que no nos debemos sorprender cuando vemos las “5 cosas terribles de encontrar bichos raros en tu baño”

5. El descubrimiento.

Cuando se está en el baño es cuando, por lo general, nos sentimos más vulnerables. Estamos allí, semi o totalmente desnudos en privado, encerrados y con nuestras defensas bajas. No es por chanza que casi toda película de terror incluye escenas en el baño, empezando por la famosa escena en la bañera de Psycho, por ahí se fue el resto de los creativos con: cosas que salen del inodoro, fantasmas que se ven en el espejo, bichos que salen del lavamanos e inacabables matanzas dentro de bañeras.

Dedicó toda su carrera a matar mujeres bañándose. Si los creadores fueran sensatos llamaran esas películas ‘Machetes y tetas parte 9: En la bañera otra vez.

Entonces estás allí, en tu baño, pendiente de tu asunto cuando notas un sonido, sombra, movimiento, alboroto y/o vaina que no debería estar consumiendo el oxígeno dentro del baño contigo. Enfocas tu mirada, y pones los ojos como dos monedas de $25 pesos cuando te percatas que en efecto…

“Hola señor! Permítame externarle mis pareceres respecto de la apariencia de su baño y la importancia de ese asunto que viene realizando con empeño por aquí.”

El primer pensamiento es, obviamente, “no vayas a gritar como una mujersita ahora, mariconsito” y el segundo es “sal juyendo!”. El problema es que entre tú y la libertad que existe más allá de las fronteras de tu baño se interpone un bicho grande, feo, asqueroso, saltarín, volador, venenoso y/o baboso por lo que corres a guarnecerte en la seguridad de tu bañera. Y claro, revisas la bañera por si acaso tienes la mala suerte de que tu ahora némesis tenga compañía… pero, en serio, qué tanta mala suerte puedes tener?

4. El tanteo.

No tuviste la suerte de Willy Coyote, por lo que has podido forjar tu trinchera fortificada con cortinas en la bañera. Mientras observas al bicho parado allí al fondo, siendo un bicho y no moviéndose, un frío recorre tu piel recordándote de tu semi o total desnudez, lo que te recuerda que has venido solo con tus puños a un tiroteo.

Entre el bicho y tú, uno es el tanque… y andando desnudo, claramente el tanque no eres tú.

Lo mejor que puedes hacer es quedarte tranquilo y esperar a que el bicho se mueva para darte el suficiente espacio para salir a armarte con palos, insecticidas y lanzallamas. Es para este momento que comienzas a recordar que el bicho no tiene que ir a un trabajo donde le obliguen a “punchar” entrada, no tiene novia a la que ir a ver obligado para que no lo boten, no tiene show favorito de HBO con un nuevo episodio que hay que ver, y es que literalmente… no hay ningún motivo en la Tierra para que el bicho deje de hacer lo que los bichos hacen…

Pararse ahí y ser bichos.

Como te da vergüenza vocear por ayuda, que de todas formas no llegará porque tú a todo le pones seguro, y contrario a los bichos, probablemente tengas algo que hacer, te dices “coño, pero yo no puedo ser tan pendejo, yo soy como 50 veces más grande que la vaina esa, si mis amigos me ven se burlarían de mí” y llegas a la conclusión de que tú y tu desnudo cuerpo se tendrán que enfrentar al mundo de terror que ha invadido tu espacio.

3. Las armas.

Desde una bañera y totalmente desnú’, la primera idea es el uso de las armas con las que naciste desde pequeño… tus brazos y piernas. Pero eso implica ponerle la mano al bicho, solo para desear que te la amputen por no poder vivir con la asquerosidad de haberlo hecho, además, como por temor a que el bicho te brinque a tus partes divertidas te espanta lo suficiente como para saber que cualquier intento de ataque debería ser ejecutado mientras te tapas tus asuntos con una mano, la imagen resulta poco halagante y desalentadora. Nadie quiere que lo encuentren muerto con una cara de espanto, un bicho sobre tu vientre y desnudo tapándote sus partes con una mano.

Si los cavernícolas fueran como el hombre moderno, la humanidad no hubiese sobrevivido las glaciaciones.

Descartada la onda “old school” para acabar con el bicho, literalmente, todo objeto que pudiera ser lanzado se convierte en arma, el propósito… que se mueva, y con suerte que se muera. El papel de baño, el jabón, la jabonera, las toallas, la pasta dental, las toallas, la afeitadora, el zafacón y hasta la tapa del indoro son armas totalmente admisibles en esta batalla por sobrevivir.

Admítelo... cuando llamas a tu herman@ o padres para combatir el bicho infernal del baño.

Abierta una brecha en la ruta hacia la libertad empiezas a correr, gónadas en mano, a buscar ropa fuerte (los jeans se sienten a armadura medieval), y reforzar tus armas. Ya con palos, sal, zapatos, un encendedor y “baigón” procuras terminar el trabajo que empezaste y proclamarte triunfador. Para luego hacer lo inevitable…

2. Tirarle fotos.

En pleno Siglo XXI, cuando todo aparatito funciona como el sueño mojado de todo espía de la Guerra Fría tirando fotos por que sí, todo, lamentablemente termina plasmado en una foto. Y si cualquier pendejo le tira fotos a la comida aburrida que se va a comer en un restaurante y que anunció mil veces que iba a comer en Twitter. Porque diablos no puedo yo tirarle fotos al bicho de mis tormentos?

Claramente, una creación de Belzebú.

Ah sí… esto es un “true story”. Yo no sé que diablos es esa vaina, la única persona que pudo decirme con aires de seguridad que era eso fue la mujer que limpia donde vivo, que me afirmó que (cito): “Eso e’ ‘jun Guabá! Eso e’ jun’ bicho malo, si te pica tiene que arrancar rápido y beber algo oité? Eso’ bicho son malo, pican y se manda a bebé’ vió? A mi tío lo picó uno en ei campo y bebió primero, por eso mi tío se murió, ay sí!… si te pica tiene que bebé primero, antes que el bicho beba, aunque sea agua del inodoro”.

No es que dude de la sabiduría de la mujer que limpia, que me consta tiene conocimientos que por mucho exceden mis propias capacidades, pero tengo mucho tiempo viendo Discovery Channel, y algo tan interesante como un bicho que te pique y que el antídoto para su veneno sea beber un líquido antes que el insecto lo haga (si no te mueres muerto) seguro tuviera su semana asignada en ese canal, como los tiburones. Por lo que apelo a los internets, o sea ustedes, para que me digan de que galaxia vino el bicho mutante. Tenía patas como cacata, cuerpo como escorpión, las cosas esas que parecen un corazón en realidad se “desembrollan” (alguien llame a la RAE) y forman como una “muela” grandísima de esas como las hormigas caribe, y en vez de tener un aguijón como los escorpiones tenía un pelo grueso y largo como si fuera una antena.

Y adora la calidez del papel de baño.

Así que, alguien… quien sea… me ayude a identificar que es esa vaina. Gracias. Ah y, por si acaso…

1. Si es una vaina en peligro de extinción y usted es de PETA.

Va’ pal’ diablo.

Sobre Ash J. Williams

Chiquito, curvo hacia la derecha, babosito y burbujeante. Pagafantas empedernido que adora caminar sin zapatos en la playa, y hacer malabares con motosierras para la algarabía de los puticlubs.

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